martes, 12 de mayo de 2015

La huella



Los padres de mi abuela  materna, María (solamente María)
vinieron  de España
 y ella  tenía los ojos azules
                               como el mar
piel blanca cual la leche.
A los padres de mi abuela paterna, María (de las Nieves)
los trajeron de África  ― tristes como esclavos―
ella de ojos negros
                   como azabache.
La piel  cobriza, cual  chocolate.

Los padres de mi abuelo materno, Hemenegildo
llegaron un día de Canarias
y él poseía los ojos color aceitunas,
y  la piel era bronceada
              de sol.
Los padres de mi abuelo paterno, Luciano
aparecieron (dicen que de España,  por lo de Galá, pero eso nadie lo supo).´
Eso sí, los ojos eran verdes como esmeraldas,
Y la piel blanca como la de abuela María.
Un día afloró mi padre,
con  los ojos negros y el pelo ensortijado
la piel  oscura,
todo un moreno,
amor de mi madre;
muchacha blanca, ojos de aceituna.
Ya para ese entonces, abuelo Canario y  abuela de España
hablaron de  estirpe,
y no comprendieron  que su hija, blanca, de pelo muy lacio
quisiera a un hombre de  origen tan poco claro.
Entonces ellos huyeron de noche, sin la bendición de los padres,
pero sí de los dioses.
Luego de amaneceres, nacieron amores (nietas y nietos)
que borraron odios
se unió la familia
más allá de casta.
Con los años
mi madre, blanca, de pelo muy lacio,
vio con malos ojos
cuando mi hermana (muchacha trigueña, muchacha bonita)
perdidamente se enamoró de un joven mulato
 con una abuela de origen afro.
Fue también cuando  mi mamá perdió la memoria
también se preguntó
¿Cómo es posible que esto me suceda?

miércoles, 8 de abril de 2015

Tiempo de nostalgia



Tiempo de nostalgia
de volver a ser niña,
eso ha de ser.

Las primeras canas
hacen reflexionar
solo lo imposible,
por ejemplo:

A veces quisiera
sentarme sobre las rodillas de abuelo
y escuchar sus historias repetidas
o ir años más atrás
cuando abuela cantaba sus canciones de cuna
y nos arrullaba con su dulce voz;
mis hermanos y yo retozábamos en la cama
hasta dormirnos el cansancio de jugar.

Tiempo de nostalgia,
de recuerdos que fueron ayer
y sin embargo,
parecen que están ahí,
¡se pueden tocar!
Con solo intentarlo,
ponerse a soñar.