La noche
suena a tambor. Taran-tan-tan, taran-tan-tan. Es interminable el ritmo. Toque
de santo, dicen en el barrio. Es lejos, pero se siente cerca. Ritmo cubano, ritmo africano.
Huella
ancestral que vuela alto, salpica las paredes, se difunde entre los árboles y
alcanza las estrellas.
Mi sueño
despierta con el lejano toque, que huele a África, a Yemayá y Ochún.