La belleza
del girasol me conmueve con la misma intensidad de un bello amanecer. ¡Es tan
cálido y tierno a la vez! A veces parece que el gajo no puede sujetar la
inmensa flor, pero ella insiste, se mantiene erguida, dejando calladamente que
las abejas liben su néctar.
El girasol no
puede esconder la sensualidad que irradian sus amarillos pétalos, siempre en
perpetúa apuesta al amor. Creo que el sol lo colocó en la tierra para que
alumbre cuando él se acuesta.
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